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Logroño Aguja de la Iglesia de Santa Maria de Palacio

Logroño de iglesia en iglesia

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Como toda parada del Camino que se precie, la capital de La Rioja cuenta con iglesias cargadas de interés. Hoy queremos proponerte un recorrido por el centro histórico de la ciudad a través de sus cinco iglesias más conocidas.

Pongamos por caso que, tal como lo indica el Camino de Santiago, uno llega a Logroño cruzando el Puente de Piedra. De ser así, basta con girar a la derecha para adentrarse en la calle Ruavieja y llegar, sin demasiado esfuerzo, a la Ermita de San Gregorio.

Se trata de un modesto edificio construido en el siglo XVII, derribado en los años 70 y vuelto a inaugurar en 1994. Puede que, comparado con otros templos, este parezca más discreto, pero se trata de una edificación especialmente querida por los logroñeses, y no solo porque Pepe Blanco le dedicara una canción.

La ermita debe su nombre a Gregorio Ostiense, obispo de la playa de Roma que llegó a La Rioja en el siglo X para combatir, con sus milagrosos poderes, la plaga de langostas que azotaba la región.

Su éxito en la labor y el hecho de que permaneciera en Logroño hasta el día de su muerte, avalan que este lugar, dedicado a su figura, sea parada imprescindible de nuestro recorrido.

Si, superada la ermita, giramos por la Travesía de Palacio, llegaremos a la iglesia que comparte apellido con esta calle. Se trata de Santa María de Palacio, iglesia “imperial” que debe su nombre al hecho de haber sido construida sobre lo que fue un palacio del rey Alfonso VII de León.

Famoso, entre otras cosas, por su aguja piramidal de estilo gótico -uno de los símbolos más importantes de la ciudad-, el templo empezó a ser construido en el siglo XII y es el único de la ciudad que conserva un claustro.

En su interior cabe destacar el retablo mayor, esculpido por Arnao de Bruselas, artista español de origen flamenco a quien, a mediados del siglo XVI, le fue encargada esta colosal obra que incluye imágenes bíblicas como el Árbol de Jesé, la Ascensión o la Última Cena.

Resistiendo la tentación de recorrer la agradable calle Mayor, que prueba de seducir al visitante con el monumental grafiti donde se nos recuerda que “El camino de Santiago se hace por (e)Tapas”, conviene continuar por la Travesía de Palacio, torcer a la izquierda por la calle Herrerías y luego, a la derecha, por la de San Bartolomé, donde se encuentra la iglesia que lleva el nombre de este santo.

Al pasar por delante de su entrada, uno queda admirado por la gran portada que recibe al visitante. Su estilo híbrido es capaz de mezclar la monumentalidad del gótico con la sencillez evocadora del románico en un combo perfecto que solo hace que mejorar a medida que se recorre el templo.

El culmen de la visita llega con la ascensión al campanario que preside la iglesia, desde el cual pueden observarse unas impresionantes vistas de Logroño, panorámica que incluye las dos torres gemelas de nuestra próxima parada: Santa María de la Redonda.

La Concatedral, merecedora de este título al compartir, junto con las iglesias de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada el honor de ser la sede de la diócesis local, se erige sobre lo que fue una catedral románica, seguramente octogonal, circunstancia que le valió el nombre de “la redonda”.

Hoy en día, el adjetivo no le pega para nada. Las tres naves de igual altura que la conforman se extienden a lo largo y no a lo ancho, prestándole la imagen esbelta propia del gótico que se estilaba en el siglo XVI.

En su interior pueden encontrarse objetos de gran interés, como la tumba del General Espartero -el hombre que pudo ser rey y no quiso- o un pequeño lienzo dedicado a la Crucifixión que, históricamente, se ha atribuido al célebre artista del Renacimiento italiano, Miguel Ángel.

Saliendo por la gran puerta barroca que da a la plaza del Mercado, conviene seguir recto por la calle Portales hasta llegar a Sagasta, vía en la cual deberemos girar a la derecha para recorrerla en dirección al río hasta llegar al cruce con la calle Barriocepo, donde se halla la última de nuestras paradas.

Junto al Puente de Hierro y al inicio del Parque del Ebro, el santo que ha de guiar nuestros pasos hasta Compostela posa orgulloso a lomos de su caballo.

Estamos delante de la iglesia de Santiago el Real, reconstruida tras el incendio que la devastó por completo en 1500 y que alberga una estatua de la Virgen de la Esperanza, patrona y alcaldesa mayor de Logroño, encargada de agradecernos la visita y animarnos a que, más pronto que tarde, volvamos a la ciudad.

 

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