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Un paseo por el centro histórico de Logroño

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Damos una vuelta por el casco antiguo de la capital riojana siguiendo los pasos de los peregrinos que, desde el siglo XI, no han parado de llegar a la ciudad.

Existen muchas formas de recorrer el centro histórico de Logroño, cada cual tiene la suya, pero no está de más hacerlo siguiendo los pasos de los millones de peregrinos que, desde el siglo XI, se han detenido en la ciudad para descansar durante su trayecto hacia Santiago.

El hecho de que la ruta religiosa más famosa del mundo pase por la capital riojana se lo debemos al rey navarro Sancho Garcés III El Mayor, quien decidió desviar el trazado del Camino haciéndolo pasar por estos lares, y a Alfonso VI de León, responsable de la construcción del puente que sirvió de antecesor al actual Puente de Piedra.

Es por este puente, también conocido como Puente de San Juan de Ortega, que accederemos a la ciudad. La edificación moderna, datada en 1884, es obra de Manso de Zúñiga y conecta directamente con la calle Ruavieja, la más veterana de la urbe.

Puente de piedra
Foto: Puente de San Juan Ortega o puente de Piedra.

En ella aún pueden ser apreciados los escudos de armas que indican el linaje de los antiguos propietarios de cada casa.

Esta calle, llena de historia, no solo sirve para descubrir edificios emblemáticos, es también un lugar ideal para entender la profunda relación que une Logroño con el vino.

Y es que en Ruavieja se encuentra uno de los calados más importantes de la ciudad, el de San Gregorio, donde se elaboraba el vino en los lejanos tiempos en que este líquido corría, literalmente, por las calles de Logroño.

El interés histórico de este lugar se ha visto reforzado desde la inauguración de la exposición El Camino del vino, una muestra dedicada a explicar la relación existente entre el producto estrella de La Rioja, la ciudad de Logroño y el Camino de Santiago que se inicia en el Calado de San Gregorio y continua en el vecino Espacio Lagares.

Además de esta atracción, uno puede encontrar, sin salir de esta misma calle, el albergue de peregrinos municipal y la ermita de San Gregorio, construida en 1044.

Torciendo hacia la calle San Marqués de Nicolás, se encuentra la iglesia de Santa María de Palacio, erigida sobre el antiguo palacio que Alfonso VII donó a los canónigos del Santo Sepulcro.

Es una de las iglesias más antiguas de Logroño, superada, eso sí, por la de San Bartolomé, y está presidida por la impresionante “aguja” que preside el skyline de la ciudad vieja.

No hace falta andar mucho más para llegar a su anciana competidora (del siglo XII) y a la Concatedral de Santa María de la Redonda (del siglo XVI).

Con sus obras de gran valor y su belleza arquitectónica, son dos lugares imprescindibles para cualquiera que visite la ciudad, casi tanto como la célebre calle Portales, que, pese a que alcanza su máxima vitalidad durante las estivales Fiestas de San Bernabé, también merece ser visitada el resto de días del año.

Foto: Concatedral de Santa María de la Redonda

Estando ahí, el visitante tienes dos opciones: dirigirse a la calle Laurel o la calle San Juan para descansar con una copa de vino en la mano o avanzar en dirección contraria hacia Barriocepo, donde podrá visitar la iglesia de Santiago el Real y la plaza del juego de la oca, ubicada en el lugar donde se hallaba la antigua cárcel de la ciudad.

En esa misma plaza puede contemplarse la Fuente del Peregrino, construida en piedra, bajo un arco rebajado entre dos pilares y decorada con la concha del peregrino, símbolo del Camino.

Siguiendo por la calle Barriocepo nos encontraremos con la sede de la Fundación Dialnet, antigua casa de la Inquisición que hoy es reconocible desde lejos por el impresionante mural Sello Tattoo, obra de los riojanos Carlos Corres y Carlos López Garrido.

Se trata de la representación de un anciano peregrino con el cuerpo cubierto por los sellos que le acreditan como un incansable caminador, uno que, a fuerza de andar, ha conseguido llegar hasta galaxias muy y muy lejanas, como demuestra la estampa con el rostro de Darth Vader que luce en medio del pecho.

Barriocepo no se cansa de ofrecer lugares de interés y continuar andando por ella, nos permite llegar al imponente parlamento riojano y a la Muralla del Revellín, lugar donde los antiguos peregrinos se despedían de Logroño para proseguir su camino hacia Nájera.

Esta fortificación cuenta con un cubo artillero, el famoso Cubo de Revellín, construido tras el fin del sitio de Logroño de 1521, cuando las tropas franconavarras trataron de hacerse con la ciudad.

Hoy en día, descartada la posibilidad de nuevas invasiones, este espacio sirve de museo, un museo que se vió transformado y actualizado en motivo del 500 aniversario de una de las hazañas más destacadas de la historia de la ciudad.

Logroño Sala Amós Salvador
Foto: Sala Amós Salvador

Una transformación similar, la de pasar de ser una equipamiento militar a servir como espacio para la cultura y la divulgación, afectó también a la Sala Amós Salvador, que, en el proceso, sirvió como convento, cárcel y fábrica de tabacos, ejerciendo hoy el papel de museo municipal especializado en arte contemporáneo.

Podría parecer que es el momento de marchar, pero uno no puede abandonar la capital de provincia con más bares por habitantes sin detenerse a disfrutar de la gastronomía de Logroño entre copa y copa de vino, más aún si este pertenece a la denominación de origen más antigua de España.

Para hacerlo cualquier lugar es bueno, la lista de recomendaciones sería demasiado larga para este humilde artículo.

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